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PUERTOS CANARIOS

 

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Los ataques esporádicos a buques en aguas y puertos de Guinea Ecuatorial, el Delta del Níger nigeriano o incluso Costa de Marfil están a la orden del día en estos mismos momentos. Grupos más o menos organizados de criminales se dedican a los hurtos en barcos fondeados, atracos exprés o incluso secuestros de tripulación que se intensifican en un contexto complejo, el de la región del Golfo de Guinea, en el que confluyen las aguas territoriales y legislaciones de varios países con culturas, religiones y pueblos diferentes. “No tienen mucha repercusión en medios”, admite Valentín Calvar Carceredo, comandante del patrullero ‘Atalaya’. “No afectan a intereses occidentales sino sobre todo a buques con tripulaciones de Filipinas, Europa del Este o incluso últimamente Grecia, pero la piratería se mantiene y aumenta en los últimos años”. El comandante Calvar sabe de lo que habla: el ‘Atalaya’ acaba de atracar en Las Palmas de Gran Canaria recién llegado de la zona, tras unas actividades de seguridad cooperativa en Senegal y Cabo Verde. Desde Canarias partirá, esta semana, hacia Casablanca, donde tienen previsto un programa de actividades dentro del marco de relaciones bilaterales España-Marruecos. Después les queda la ruta hasta casa, en Ferrol, puerto al que llegarán a mediados de este mes.

Calvar impartió ayer una conferencia en Casa África titulada El despliegue africano: la Armada Española en el Golfo de Guinea. En ella expuso su experiencia en la misión que arrancó en agosto a bordo de la embarcación que comanda y que le ha llevado a Mauritania y Cabo Verde en una primera fase para pasar después por Costa de Marfil, Gabón, Nigeria, Camerún, Santo Tomé y Príncipe, Angola y Ghana antes de tomar la ruta hacia el norte, en la que se incluyó de nuevo Cabo Verde y Senegal, antes de llegar a Canarias. Su especialidad es el trabajo en la construcción de capacidades y la mejora de las comunicaciones en la lucha contra la piratería marítima y su escenario de operaciones es el oeste del continente africano, donde colabora con efectivos y mandos de las fuerzas armadas de los países de la región. Es un trabajo en el que España se implica desde el año 2011 y que va dejando su huella, poco a poco. Otros países como Bélgica o Portugal, además de las potencias de siempre (Estados Unidos o Francia), trabajan en la misma línea que España: el apoyo a los gobiernos locales. Al igual que ocurrió con el patrullero ‘Serviola’ en el primer semestre de este año, el ‘Atalaya’ integra su misión en el Plan de Diplomacia de la Defensa y Seguridad Cooperativa con los países ribereños del Golfo de Guinea. La idea es contribuir al desarrollo de las capacidades locales, fomentar el conocimiento y la confianza mutuos y contribuir al incremento de la seguridad marítima regional, que a su vez repercutirá en un incremento de la seguridad de España.

“En el Golfo de Guinea hay muchos actores y agentes que luchan contra la piratería, aunque sin una comunicación óptima”, precisa Calvar. “Los ataques se producen en puertos y aguas territoriales de diferentes países que quieren mantener su soberanía, pero que a veces carecen de los medios para luchar contra ese tipo de criminalidad. Además, no existe una misión internacional conjunta, como sucede en el Cuerno de África, donde hay un marco jurídico, una estructura permanente, unos medios y un marco de trabajo negociado con un solo país, Somalia, que cede su soberanía”. El comandante destaca que el país que se enfrenta a más desafíos en la región del Golfo de Guinea es Nigeria, con el extenso territorio del Delta del Níger sometido a la presión de diferentes actores armados, refinerías y barcos en constante trasiego y múltiples compañías privadas de seguridad funcionando. En un contexto así, Nigeria solo puede permitirse proteger a los barcos más grandes y los pequeños ataques menudean. Explica que la situación en el Cuerno de África es muy diferente, con una mayor “profesionalización” de los piratas y una acción más efectiva del operativo bautizado como ‘Atalanta’. “En el Golfo de Guinea, las acciones son más cortas. A veces, roban y se van cuando los descubren en puertos o fondeaderos o pueden darse abordajes con más violencia, con robos, compartiendo carga o no, o pidiendo rescate por una parte de la tripulación. Normalmente, no se llevan el barco”, enumera. En un contexto así, en unas aguas de una extensión considerable y con pocos medios, engrasar la maquinaria de las comunicaciones entre socios y reforzar las capacidades de quienes vigilan las aguas territoriales de los diferentes países son tareas urgentes.

El patrullero de altura ‘Atalaya’ es el cuarto y último buque de la clase "Serviola", y tiene su base en el Arsenal Militar de Ferrol (La Coruña). Fue construido por la antigua Empresa Nacional Bazán de Ferrol (hoy NAVANTIA), y entregado a la Armada en junio de 1992. Tiene una eslora de 68,65 metros y una manga de 10,40 metros. Sus principales misiones son las Operaciones de Seguridad Marítima, Operaciones de Seguridad Cooperativa y las operaciones de Apoyo a otras Autoridades del Estado.